Coloca lana entre montantes, deja cámara de aire cuando sea posible y cubre con tejidos o lamas. Usa barreras de vapor solo donde proceda, manteniendo difusión hacia el interior o exterior según clima. Sella perímetros con bandas resilientes para evitar fugas acústicas. Revoques minerales sobre piedra permiten que el conjunto respire mientras suavizan reflejos, logrando equilibrio entre confort, durabilidad y mantenimiento sencillo.
En suelos, una lámina resiliente bajo la madera maciza reduce transmisión de impacto sin perder tacto cálido. En techos inclinados, combina listones, cámara y lana, rematando con madera vista. Evita atornillar atravesando capas acústicas; emplea anclajes desacoplados. Los encuentros con paredes de piedra admiten juntas elásticas discretas, que previenen chasquidos y vibraciones. El resultado es una pisada contenida y conversaciones nítidas.
Puertas macizas con burletes continuos, umbrales sellados y cajas de persiana tratadas con lana reducen filtraciones sonoras. En escaleras, peldaños macizos con bandas resilientes y zócalos bien sellados evitan resonancias. Herrajes silenciosos y barnices flexibles limitan crujidos. Unos pocos milímetros de cuidado técnico convierten tránsitos cotidianos en movimientos discretos, manteniendo la paz incluso cuando la casa despierta muy temprano.